Desde una bicicleta hasta un semáforo en rojo: un emprendedor compara la movilidad urbana entre Tafí Viejo y San Miguel de Tucumán.

De la bici al semáforo: un emprendedor tucumano y su mirada sobre la movilidad urbana
A veces, una historia de Instagram dice más que un informe técnico. En las últimas horas, el emprendedor taficeño Federico Aparicio, propietario de Creaptuc, compartió una serie de publicaciones que funcionan como una radiografía simple, cotidiana y honesta sobre la movilidad urbana en dos de las ciudades más importantes de Tucumán.
Las imágenes —capturadas desde el manubrio de una bicicleta y luego desde el interior de un automóvil detenido ante un semáforo— no buscan polemizar ni sentar cátedra. Sin embargo, plantean una comparación inevitable entre Tafí Viejo y San Miguel de Tucumán, dos ciudades clave del área metropolitana, con realidades muy distintas a la hora de moverse.
Tafí Viejo: pedalear como experiencia cotidiana
En la primera historia, Federico muestra una escena habitual para quienes circulan por Tafí Viejo: calles arboladas, ritmo calmo y la posibilidad concreta de desplazarse en bicicleta. Sobre la imagen, una frase clara y sin vueltas:
“Tener una bici y poder salir a pedalear en un ciudad que en la medida de lo posible apueste por este tipo de movilidad es todo lo que está bien”.
No hay consignas partidarias ni slogans urbanos. Hay experiencia personal. La bicicleta aparece como una extensión natural del cuerpo y del día a día, no como un gesto heroico ni una rareza. La ciudad, en ese marco, se vuelve más cercana, más habitable.
San Miguel de Tucumán: volver a la otra realidad
La segunda historia cambia abruptamente de escenario. Federico ya no pedalea: está dentro de un auto, detenido frente a un semáforo en San Miguel de Tucumán. El tránsito, los vehículos acumulados y la espera marcan el tono del relato. El texto que acompaña la imagen resume la sensación: “Uno se mal acostumbra a ser feliz con bici en su ciudad, pero luego hay que volver a la realidad de la otra ciudad, semáforos, auto y la cara larga de toda esa gente”.
No se trata de una crítica agresiva, sino de una constatación. El contraste entre ambas imágenes expone dos modelos de movilidad que conviven dentro del mismo conglomerado urbano, pero que generan experiencias completamente distintas para quienes lo transitan a diario.
Dos ciudades, una misma área metropolitana
San Miguel de Tucumán y Tafí Viejo no son mundos separados. Junto a otros municipios, integran el Gran San Miguel de Tucumán, un espacio donde miles de personas se desplazan todos los días por trabajo, estudio o actividades comerciales. En ese contexto, las historias de Aparicio adquieren un valor que va más allá de lo personal: reflejan una discusión silenciosa pero constante sobre cómo se habita la ciudad.
Mientras Tafí Viejo suele asociarse a una escala más amable y a desplazamientos más cortos, la capital concentra el mayor volumen de tránsito, semáforos y tiempos muertos. La bicicleta, que en un municipio aparece como opción real, en el otro se vuelve una experiencia mucho más limitada o directamente impracticable para muchos.
Cuando la experiencia cotidiana se vuelve discurso
Federico Aparicio no habla como funcionario ni como especialista en urbanismo. Habla como emprendedor, vecino y usuario del espacio público. Justamente por eso, sus publicaciones conectan: ponen en palabras sensaciones compartidas por miles de personas que se mueven entre una ciudad y otra.
Sus historias no ofrecen soluciones mágicas, pero sí algo igual de valioso: una mirada situada, nacida de la experiencia diaria, que invita a pensar la movilidad urbana no solo en términos de tránsito, sino también de bienestar, tiempo y calidad de vida.
Una discusión que sigue rodando
Las capturas de estas historias funcionan como un disparador. No acusan, no explican, no prometen. Simplemente muestran. Y en esa simpleza, abren una pregunta de fondo para el Gran San Miguel de Tucumán:
¿qué tipo de ciudades se están construyendo y para quiénes?
Mientras tanto, la bicicleta sigue siendo, para muchos, un termómetro silencioso de cuán humana puede ser una ciudad.


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